No se hagan bolas
Sin tacto
Por Sergio González Levet
La llegada de Ranulfo Márquez Hernández como titular de la Oficina de Gobierno despertó una buena cantidad de comentarios, en el sentido de que significaba no sólo el regreso de un experimentado priista, sino el de un representante de todo un grupo político -que encabeza el exgobernador Fidel Herrera Beltrán-, y del grupo político mismo, al escenario político estatal, lo cual tiene algo de cierto.
Fue claro el mensaje -un guiño, en su propia expresión- de acercamiento que mandó el gobernador Javier Duarte al fidelismo, al igual que ha hecho con todos los grupos vigentes al interior del PRI veracruzano.
Como líder y primer priista en la entidad, el joven mandatario está cumpliendo a cabalidad la función de ser el factor aglutinante que sostiene a una de las grandes fortalezas del partido: la unión, que otros insisten en llamar unidad.
El retorno pues del amigo más antiguo de Fidel da cuenta de que uno de los más importantes núcleos partidistas de la actualidad estatal, la Fidelidad, se suma al proyecto del Gobernador, y aportará sus conocimientos, sus relaciones, su vasta experiencia y hasta sus astucias para que el 1º de julio sea un día de fiesta estatal para el interés tricolor.
En este orden de cosas, suena desorbitado el que algunos analistas hayan llegado a considerar que el regreso de Ranulfo implica el regreso de Fidel con una fuerza inusitada, en plan de jefe máximo (hay quien llega a hablar de un maximato), y que ha vuelto prácticamente a tomar todas las riendas estatales.
Hay que tener en cuenta que desde el primero de diciembre de 2010, en que entregó el poder a Javier Duarte de Ochoa, Fidel Herrera Beltrán se ha portado como un tío cómodo, pues se hurtó de las luminarias en las que se enseñoreó durante todos los días de su mandato.
Discreto, alejado, prudente, silencioso, Herrera Beltrán demostró su sapiencia en este negocio al dejar el espacio libre a su sucesor, quien tuvo así las condiciones para dedicarse de lleno a su tarea, la de gobernar un estado complejo y difícil como lo es Veracruz.
Sí hay un regreso de Fidel y de los fidelistas, porque son un valioso activo del priismo para esta madre de todas las batallas en que se ha convertido la actual elección presidencial y para las fuertes escaramuzas de las campañas distritales.
Pero de eso a que venga a tomar nuevamente el poder, hay un abismo. Quien piense así, o no está tomando en cuenta la historia y el desenvolvimiento de nuestras instituciones estatales, o emite comentarios con mala intención.
No se hagan bolas, “quien manda en Veracruz”, todos lo saben, es Javier Duarte de Ochoa. ¡Y vaya que hace sentir su mano!
Twitter: @sglevet


