Evaluación magisterial (2)

Sin tacto

Por Sergio González Levet


A ver, a ver, a ver, mis queridos paisanos y profesores Callejas, ¿cómo está eso de que para evaluar a los maestros la autoridad necesita antes acordar con la representación sindical? No entiendo muy bien.

¿Quiere eso decir que ahora quien emplea deberá pedir permiso a los representantes del trabajador cuando quiera evaluar si éste sirve para la labor que desempeña o si la cumple bien? ¿Qué no es un derecho de la libre empresa contratar a quien reúna el perfil deseado y mantener empleado solamente a quien cumpla su obligación?

No entiendo, no entiendo… tal vez me estoy amensando como los alumnos de tantos y tantos profesores, que no comprenden nada del mundo porque no aprendieron nada en los salones de clase de las escuelas primarias y secundarias, públicas y privadas, de México.

El líder estatal de la mayoritaria Sección 32 del bendito SNTE, Juan Nicolás Callejas Roldán, dice con prosa propia de un docente mexicano que los “maestros están dispuestos a evaluarse, a comprometerse a evaluar con calidad; pero de forma bien, sin que afecte sus intereses y estamos hablando de (…) no es un examen, es una evaluación donde se contempla todo de manera integral”, según podemos leer en el excelente portal informativo alcalorpolitico.com del excelente periodista y buen amigo Joaquín Rosas Garcés.

Y más: “Aunque no quieren ser evaluados, el líder magisterial aseguró que los maestros veracruzanos están bien preparados y nunca se han negado a ser evaluados; pero contradictoriamente defiende que lo que buscan es no ser afectados económica y laboralmente”.

Ah, apareció el peine. Así, la postura de los maestros es que se dejarán evaluar por la autoridad educativa, pero siempre y cuando no sean afectados “económica y laboralmente”.

En esa lógica, ¿para qué serviría tal evaluación si no se pueden aplicar medidas correctivas?

Me preocupa mucho la esquizofrenia del sector magisterial mexicano, que cuando se le señala algo contesta con una respuesta que no tiene nada que ver con lo señalado. Algo así como: “Oiga usted, profesor, no está dando bien su clase”. Respuesta profesoril: “Lo que pasa es que usted es un fascista, desinformado, que atenta contra la sagrada vocación de la docencia”. De ahí seguirán insultos, gritos y nunca razones válidas para justificar su falta de compromiso con la educación nacional.

Con respuestas de ese tipo, los profesores pretenden que uno debería quedarse callado para siempre y permitir que los ellos y su sindicato sigan haciendo de las suyas en el salón de clase -el poco tiempo en que asisten- y con el presupuesto educativo del país.

¡Mira qué bonitos!

sglevet@gmail.com

Twitter: @sglevet

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